(2) Vida de Fray Francisco de la Cruz (Cont...)
2ª parte (Vida conventual y decisión de peregrinar)
XVI
Hecha la profesión,
cumplía unas tareas de ordinario
y el resto en oración,
junto a su escapulario,
la presencia de Cristo en el Calvario.
XVII
De la oración vocal,
siendo su confesor Fray Juan de Herrera,
entraba en la mental,
como si una blanda cera
ablandase esa ruda calavera.
XVIII
Aquí lloró sus penas,
rompiendo la amargura de sus males
con cilicio y cadenas,
en penitencias tales,
que excedían las fuerzas naturales.
XIX
La vida es dura prueba,
que eleva nuestro espíritu al Eterno,
al que con nota aprueba
y, no que el crudo invierno
intente marchitar el fruto tierno.
XX
Una voz al oído:
-Fe…, Fe…, Fe – durante años le decía-
y así comprometido,
allí, donde no había,
se fundaba también la “Sacra Vía”
XXI
Gozosos sentimientos
movieron le las pruebas corporales,
pero, en estos momentos,
las espirituales
despertaban le ideas celestiales.
XXII
Con confusión de su ego,
tres veces en el aire apercibido,
a este santo andariego
la Cruz le iba instruyendo
y, en los Santos Lugares insistiendo.
XXIII
Una cruz venerable
encargó en San Clemente a un carpintero
de dolencia incurable
y, en el golpe primero
sanaba totalmente el carpintero.
XXIV
Obtuvo al fin licencia,
para ir con la Cruz a Tierra Santa
en sacra penitencia,
con alegría tanta
que su Alma se erigía sacrosanta.
José Díez Fernández
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