A la santa Cruz de la Alberca de Záncara
(14 de Septiembre)
I
Hay una Cruz en la Alberca,
envuelta en hondo misterio.
Esta santa Cruz bendita
lleva los brazos abiertos,
para acoger a los seres
en un mismo sentimiento,
de la Izquierda a la Derecha
y a quien no es, ni de Centro.
Ese cristo que le falta
Le busca de carne y hueso.
Para cada uno guarda
un trocito del madero,
para que lata en su alma
otra de Amor en su pecho.
Mírala esa Cruz desnuda,
llena de Luz a su Pueblo.
Escúchale su mensaje,
que te grita en el silencio
en la quietud de los campos,
en la casa de tus sueños,
en la calle y en la Iglesia
y, también en el convento.
II
No le crucifiques más
al Mesías Mensajero,
ni al que medra en su negocio,
ni a quien se arruina en su empeño,
ni al político, al parado,
ni al que miras con desprecio.
Sacrifícate tú mismo
con tus faltas y defectos;
con tus juicios y tus críticas;
que tú llamas cotilleo,
con tus odios ancestrales
de envidia y resentimiento:
esas heridas mortales,
que no cicatriza el tiempo,
porque has de amar al hermano
por mucho, que te haya hecho.
Para tú ser perdonado,
no habrá otra cura o remedio,
ya que esta Cruz representa,
en el lenguaje del Cielo,
el signo de la victoria
sobre la muerte del cuerpo.
José Díez Fernández
(la Alberca, Septiembre de 2012)
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