Nuestra Señora de la Asunción
El Alma de María se elevaba,
llenando de estupor nuestras miradas
entre nubes de estrellas, coronadas
por la Luz, que ella misma nos dejaba.
En aquel resplandor, que nos cegaba,
las nuestras (1) se quedaron columpiadas
y mirando hacia el Cielo, preparadas
para seguir su Amor, que nos llamaba.
Apenas recordamos su semblanza,
tan plena del calor de su alborada,
la que mueve una Madre de Esperanza.
Por eso en esta fecha señalada
le entonamos mil cantos de alabanza,
para alcanzar con ella otra Morada.
José Díez Fernández Maté
(15 de agosto de 2016)
(1) nuestras almas
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