A María Peregrina
¡Golondrina, que cruzas el alma
como una saeta de la primavera,
y, construyes un nido de amor
en el alto alero
de mi corazón,
con el barro de tantos defectos,
que visten mi yo...
y ese... ¡ay!... de tantas espinas,
que laceran con tanto dolor...!
intento seguirte en tu ejemplo
como un instrumento
de nuestro Señor,
pero todo se pierde en la nada
por esa ignorancia
del niño que soy...
Entonces te acercas a mí,
peregrino en tu Luz Peregrina,
humilde viajera
de Dios, Creador...
y, tu orgullo de madre sonríe,
riendo la gracia
de mi amor en flor.
José Díez Fernández
0 comentarios