Jesús en la columna
Sobre aquella columna sin aliento,
al primer latigazo, que sintió,
esa lágrima humana, que vertió,
fue la última queja en su tormento.
Su rostro sí mostró más sufrimiento.
mas su espíritu nada ya sufrió
y al hombre un gran impacto le causó,
pues volaba de Amor su pensamiento.
Sumidos en sus vicios cicateros,
contemplaba a los seres del Planeta.
Pero Jesús veía la Verdad,
más allá de los siglos venideros.
Caminando hacia Dios en Luz completa,
visionaba una nueva Humanidad.
José Díez Fennández
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