San Isidro
(Patrono de los labradores)
San Isidro encomendó su labranza,
cuando sólo era Isidro, todavía,
al Padre Eterno y siempre le decía
en profunda oración y en alabanza:
-Quisiera, Mi Señor, que en mi esperanza
en las tierras, que cultivo cada día,
no aparezca la temida sequía
y tengamos un año de bonanza.
Y porque en oración a Dios hablaba,
como un humilde y simple labrador,
era cuando Él, entonces, le escuchaba.
Cuando así le pedía al Creador,
San Isidro un rayo de luz le enviaba
y Dios le respondía con su Amor.
José Díez Fernández
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