La Paz de Fátima
Nuestra Madre de Fátima nos pide
sacrificios, que son expiaciones,
que hemos de secundar con las acciones,
para que nuestro amor se consolide.
Y para que nuestra mente no lo olvide
y el espíritu arguya sus razones
y se pierda en diversas opiniones,
la voz de la conciencia en ella incide.
La penitencia es la mejor opción,
para saldar las cuentas, que el Ser yerra,
en acto de perfecta contrición.
Pues todo lo que su mensaje encierra,
cumpliéndolo de todo corazón,
nos traerá la Paz sobre la Tierra.
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Esta es la Fuerza de nuestra Razón,
para que los señores de la Guerra
acaben ya con tanta destrucción.
Cuando el arma asesina no se entierra,
no sólo hay lucha donde habla el cañón.
También la Economía nos aterra.
Hipotecas, desahucio y corrupción
-como signos de ínclita Preguerra-
controlan de otras vidas el timón.
Si sólo a su egoísmo el Ser se aferra,
obviando el resto de la población,
el hacha del conflicto desentierra.
Pero, más tarde en otra encarnación,
volverán como parias de la Tierra,
aquellos, que movieron la opresión.
Al alma del pecado desaferra
el sacrificio de nuestra expiación,
pues en ello la Ley de Dios se encierra.
Sólo recibiremos en la acción
esta Paz, que se vive en la Posguerra
de nuestra desmaterialización.
José Díez Fernández
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